Noviembre.


Hasta hace poco pensaba que solo se podían amar cosas tangibles, esas que puedes tocar y sentir, incluso oler, tipo algún perfume de Adolfo Dominguez. Pero he aprendido que también se puede amar un mes. Y yo, como casi todos, crecí con la errónea idea que los mejores son los de verano.
Esos tres meses, que de pequeño, esperas ansioso durante los otros nueve, como si fueran a desaparecer del calendario al año siguiente.

Ahora, sin embargo, me han enseñado que Noviembre no es siempre triste. Que para qué necesitas el sol si tú lo que prefieres es un buen abrigo y una estufa. Y no hablo de una cualquiera, sino una de esas, que calientan tanto que lo único que deseas es permanecer toda la noche pegado a ella. Que sí, que a todos nos gusta el verano, pero que en Noviembre tampoco hace frío si te coge de la mano, como hizo el primer día.

But I don’t have to be, so please go back to sleep

Últimamente me gusta jugar a las sinceridades.

Hace tiempo tocaba la guitarra. Un día se rompió de tal manera, que no me interesó arreglarla. Quizás el problema era que no lograba ni un do-re-mi seguido.
Y cuando encontraba una posible canción para tocar, me daba cuenta al instante que sus acordes no acompañaban mi melodía, que no me apetecía ni probar con la primera estrofa, no fuera a ser que me saliera la vena escondida de Kurt Cobain y sonara forzadamente bien.

Sin esperarlo, una paloma se paró cerca de mí y se puso a cantar. Me encontró con la sonrisa en la mochila y aunque al principio jugaba a intentar saber como era, en realidad quería conocerla.

Poco a poco me hizo comprender que no es obligatorio poner sentido a la vida, y muchos menos un nombre y apellidos.

Y sí, yo también me quedo sin palabras al verla pasar, pero también me sé lo de su cara de asco, y la que pone cuando se deja ser ella, y aquello de que le gusta relucir hasta en el metro, aunque también lo haga recién levantada pero no lo reconozca.

Que ya sé que es la chica con la que desearíais pasar el resto de vuestra vida, la chica diez, o cien como a ella le gusta ser, aunque le falten un par de veranos, conmigo.

Que hasta las palabras de pueblo, esas sin sentido ninguno, suenan bien si salen de sus labios. Que sé de sobra que su color preferido era el rosa,  pero lo volví a preguntar , sólo para decirle que el mío era el verTe y leer su risa de nuevo.

Que me incomoda el orgullo afirmar que la he podido echar de menos y lo niego aún cuando lo único que quiero es que esté a mi izquierda, aunque sea de derechas, de cama digo, haciendo ese truco para crujir sus muñecas y me susurre que me da mil vueltas sobre Granada.

Que ya no importa quien fui o que hicimos, ahora a veces soy cabra, y me gusta. E incluso tengo ganas de volver a tocar la guitarra de nuevo.

Mis pensamuertos.


A veces tan solo tienes que dejarte ir. Dejar que ese pensamiento consiga hacerse hueco entre la masa gris y bajar del cerebro. Cuando pase de ahí, podrá ir cayendo poco a poco, lentamente, en contra de si mismo, para abajo.

Cuando el pensamiento  ha pasado el cerebro,  ya ha hecho lo  mas difícil,  ha conseguido olvidar el soporte que lo retenía ahí arriba, en la parte donde mas duele.

Una vez librada de esa artimaña, descenderá automáticamente con el paso de los días hasta la punta de los pies.  A algunos pensamientos les cuesta mas que a otros. Hay algunos que en varios días ya no se acuerdan de nada, no saben ni que están haciendo ahí, y deciden irse para siempre.

Otros tardan semanas, meses, incluso años, puesto que siguen aferrados a ideas inconclusas. Hasta que un día, ya no se levantan con la misma sensación de siempre.


I changed my mind, I changed my mind, now I’m feeling different…

Algo les ha hecho cambiar, y empiezan a dudar de si mismos. Es ahí cuando al poco, se vuelven locos, y deciden tirarse al vacío desde el cerebro. Se dan cuenta que ya han estado suficiente tiempo dando vueltas sobre la cabeza, y no quieren sufrir mas.

No quieren que haya una segunda oportunidad mientras bajan hasta los pies.

Pero tampoco saben , que en lo que tarda un pensamiento desde el cerebro hasta la punta de los pies, cualquier cosa puede pasar.

Tapajuntas


En muchas ocasiones la gente se empeña en excusar lo que sucede tras su piel, como si agentes externos traspasaran esa pared, y guiaran sus actos uno a uno o incluso  a la vez.

Como la sonrisa esbozada por compromiso, de repente y sin querer, miras atrás y piensas que ha pasado.

Uno mismo dirige y actúa. Pero tú,  excusas a tus propios quehaceres. Como si no hubiesen sido libres, y alguien o algo los hubiera arrojado al acto sin quitarse la venda de los ojos.

Crees e imaginas que estas bien,lo sientes, lo estas notando. Pero nada cambia. Al igual que sonríes cuando estas llegando a casa después de un duro día de trabajo y entras en tu habitación. La que crees preciosa habitación. Pero en un instante, ese aire frío que la ventana no puede bloquear, te hace recordar que no todo está bien. Que a las maravillas, hay detalles que las estropean.


But it was not your fault but mine, and it was your heart on the line .. I really fucked it up this time…

Tras unos días, te das cuenta que necesitas parar ese aire frío que traspasa la ventana como sea.  Compras un tapajuntas.

Tras cerciorarte de que ya no entra aire frío, sonríes, sin asimilar que de nuevo, era una sonrisa por compromiso.

Que nuestra vida y nuestros actos nos pertenecen. Al igual que sus futuras consecuencias.